Instituto Valenciano de la Salud

¿Qué es Fulcrum?

El  todo

Si observamos al mundo podemos mirarlo en su diversidad, cómo todo se va individualizando, cadacosa es de manera individual, y cómo a menudo eso individual se opone, se contradice, incluso lucha entre sí. Pero todo eso individual en el fondo se basa en un Uno que lo sostiene. De ese Uno en las profundidades, la pluralidad y la diversidad extraen su suerte, su propia singularidad. Lo que puede contribuir para el todo es alimentado por ese manantial en las profundidades.Pues bien, podemos dirigir nuestra percepción hacia lo individual y, al hacerlo, se nos pierde lo otro. Cuando nos concentramos en el Uno a menudo excluimos lo otro o lo negamos o incluso lo desmentimos. En ese caso estamos enajenados de aquello que sostiene todo.También podemos enfocarnos en la diversidad, pero de manera de no concentrarnos en la diversidad sino percibiéndola casi simultáneamente como un todo. Aplicando esa percepción nos reunimos en nuestro centro y a través de ese centro con el centro de la existencia. Al lograr esa conexión tenemos la misma relación con toda esa diversidad, una misma relación de respeto, de consideración y de coraje, de manera que podamos tomarlo en nuestro interior con toda su multiplicidad y su diversidad hasta que confluya en nuestro centro.Cuando miramos las cosas tal como son, eso nos puede parecer fácil. Pero cuando miramos las relaciones entre las personas y a sus necesidades diferentes, a sus rumbos diferentes, cuando observamos los opuestos y nos exponemos a ellos, a menudo nos sentimos amenazados, inseguros,y sentimos un profundo dolor, como que algo no funciona.En estas relaciones con frecuencia somos conducidos, en la superficie, por la diferenciación entre el bien y el mal. Esta diferenciación está muy en la superficie y de ninguna manera puede remitirse a aquello que surge desde las profundidades. La diferenciación entre el bien y el mal es algo que solamente actúa en las relaciones humanas, y la razón es que la diferenciación entre bien y mal cumple una única función. Esa función es que nos une a nuestra familia y nos marca el límite conotras familias y otros grupos. La diferenciación entre bien y mal se pone de manifiesto en laconciencia tranquila o la mala conciencia. Tenemos una conciencia tranquila cuando sentimos que pertenecemos a nuestra familia, y tenemos una mala conciencia cuando debemos temer que por nuestra conducta nos hemos jugado nuestra pertenencia. Creemos que ponemos en peligro la pertenencia a nuestra familia cuando reconocemos como igualmente buenas y equivalentes a otras familias, a otros grupos, a otros valores, a otras religiones, a otras culturas. Cuando hacemos eso estamos unidos con la profundidad de la existencia, pero no con nuestra familia en ese sentido.Por lo tanto, para estar unidos en lo profundo con lo esencial, debemos despedirnos de la influenciade esa conciencia en relación a la diferenciación entre bien y mal. Si logramos esta despedida, si por lo menos ocasionalmente podemos soltarla, si nos reunimos en nuestro centro, entoncesdesde ese centro, desde la profundidad, emerge otra cosa que nos sostiene, unmovimiento del alma que anula la diferenciación y que reconcilia las contradicciones y los opuestos.En los últimos tiempos me he ocupado mucho de esos movimientos del alma, he permitido que actúen sobre mí mismo y, en cursos como éste, he experimentado cómo actúan los movimientos del alma. Van mucho más allá de lo que hasta el momento salió a la luz a través de las constelaciones familiares. Es decir que se avanza un paso más.

La fuente


Aquí yo permito ser guiado por algo, no sé en absoluto lo que resultará, estoy completamente a oscuras y me siento como alguien a través de quien fluye un agua, un agua que viene de lejos y que sigue su camino hacia lo lejos. Simplemente me mantengo permeable. Por esa razón yo mismo no participo. La fuente no participa del agua. El agua sólo la atraviesa.¿Cómo se hace para lograr esa actitud? Se permanece sin intención. El agua que corre a través de lafuente no tiene intención alguna. No tiene una meta. Y, sin embargo, llega a los campos, da frutos y finalmente desemboca en el mar. Por lo tanto, la falta de intención es la condición previa para este trabajo.No tener intención sólo lo logra aquel que ha abandonado sus conceptos sobre bien y mal. No lucha ni por el bien ni por el mal, por ninguno de los dos. Está de acuerdo con todo lo que es. Está de acuerdo con la vida. Está de acuerdo con la muerte. Está de acuerdo con la felicidad. También estáde acuerdo con el sufrimiento. Está de acuerdo con la paz y con la guerra. Al ser tan permeable, hay algo que se acomoda para el bien sin su intervención.Nos vienen describiendo esta actitud desde hace mucho tiempo. Lao Tse la muestra, por ejemplo.Confucio la muestra. Y muchos grandes filósofos la muestran. Curiosamente no así los grandes fundadores de religiones. Las religiones llevan a la guerra.La falta de intención que busca estar en sintonía con la ley del mundo, con los órdenes profundos,la que confía en los movimientos profundos del alma, de la gran Alma, ella, como se puede ver,está al servicio de la paz y del amor.

Escuchar y mirar


Quiero comentar algo acerca de la diferencia entre escuchar y mirar. Lo que actúa en la concienciaen gran medida se basa en lo que uno ha escuchado. Por ejemplo, hay muchos conceptos sobrevalores o también reglas o testimonios acerca de lo religioso que provienen de lo transmitido oralmente. Basado en lo que uno escucha surge una imagen interna y ella luego actúa como si fuera una conciencia.Doy un ejemplo. Un psicoanalista fue a ver a un amigo y le dijo: “¿Sabes algo acerca de las obsesiones?” “Si”, dijo el amigo, “quizás, pero en tu caso, ¿de qué se trata?” El otro contestó: “Hace un tiempo fui con mi mujer a ver a una adivina quien le dijo que ella estaba poseída por el demonio. ¿Qué debo hacer ahora?” El amigo dijo: “Quién acude a una persona así debe asumir las consecuencias; porque ahora tú realmente estás obsesionado, estás poseído, pero por una imagen interior y no es fácil liberarse de ella.”De esa manera, mediante lo que se escucha y lo transmitido oralmente se forma un concepto desligado de la percepción de la realidad que se puede percibir. Curiosamente este concepto repentinamente actúa como creando una obligación, ycuando abandono este concepto lo vivo como una traición y una deslealtad.¡Qué notable! Porque en realidad sólo haría falta mirar y limitarse a aquello que se percibe. Nada más. Pero eso requiere modestia.Algunos psicoterapeutas se comportan de manera similar. Escuchan y confían en lo que se les dice sin mirar lo que ocurre frente a sus ojos y en la familia del cliente. Así quizás la terapia trata algo que ni siquiera existe porque se refiere a una imagen que sólo surge por conceptos y por interpretaciones.Restringirse a la percepción es una renuncia grande. Con ello renuncio a la libertad de modelar al mundo arbitrariamente. Pero es curioso que justamente esa autolimitación me da la libertad deactuar, y de actuar correctamente.No vale lo mismo cuando confío en lo que escucho y lo que se me transmite. En ese caso sólo tengo la libertad de crearme imágenes. La libertad para actuar es limitada.

Bert Hellinger

“El manantial no tiene que preguntar por el camino”

Todo en la vida es movimiento. Andrew, padre de la osteopatía lo decía a menudo. Sin movimiento no puede existir la vida, la vida se manifiesta a través del movimiento. Un movimiento que no solo ha de ser físico, sino también mental y por qué no, espiritual. Necesitamos tener el cuerpo en movimiento, nuestros órganos, músculos articulaciones necesitan el movimiento para hacer circular la sangre y los nervios que son los encargados de dar la salud a cada parte de nuestro cuerpo. Pero nuestra mente también es importante que no deje de moverse, que no deje de pensar, que no deje de sentir, de traernos nuevas ideas, nuevos proyectos… pero también nuestro espíritu necesita un movimiento, necesita sentirse vivo, creer en algo, identificarse, sentirse, expresarse, moverse , de lo contrario todo nuestro Ser se sentirá muerto tarde o temprano. Este movimiento es el que persigue el osteópata. Busca la vida en el cuerpo de la persona, y busca liberarla porque sabe que solo así , entendiendo al ser humano en global, en conjunto , sin separaciones, tal y como la Naturaleza, el Universo, el Yo que tenemos dentro nos lo enseña cada día. Formamos parte de todo lo que nos rodea, y como todo ese Todo estamos interconectados con él y con nosotros mismos. Solo gracias a esa interconexión es como empezamos a sentir la vida que habita en nosotros, y que puede que en algún momento hayamos dejado olvidada en este largo camino de la vida.
Andrew como Will nos dejaron este legado de que sin movimiento no puede existir la salud. Pero también nos dejaron algo igual de importante. Para que este movimiento se pueda llevar a cabo necesitamos tener unas buenas raíces, unas buenas bases, un fulcro, un Fulcrum, algo sobre lo que apoyarnos para poder iniciar ese movimiento y aferrarnos a la vida. Pensad en todo lo que os movéis día a día. Cuando movemos una pierna para caminar, lo podemos hacer gracias a que el apoyo o fulcro de la otra nos sostiene en el suelo. Podemos levantar un pie gracias a que el otro nos ofrecer un apoyo, un fulcro firme en el suelo. Todos los movimientos en nuestro cuerpo funcionan igual, todo lo que se mueve en la Naturaleza necesita sentir el Fulcrum de algo para poder iniciar su movimiento. Pero no solo así sentimos nuestros apoyos. Un Fulcrum es algo que se manifiesta en todos los niveles de nuestra vida. Desde que nacemos venimos con un Fulcrum a nuestro lado, que son nuestros padres. Son ellos quienes nos dan el apoyo para poder dar los primeros pasos en nuestra vida, son ellos quienes nos respaldarán y nos darán ese Fulcrum para tantas dificultades y etapas a lo largo de nuestra vida.
Cuando crecemos, cuando maduramos, lo hacemos gracias al Fulcrum que tenemos en nuestro interior. Gracias a la educación, a los valores que nos transmiten en el colegio, la sociedad en la que vivimos y lo que la vida nos enseña cada día, podemos movernos a través de ella. Gracias a esos conocimientos que vamos adquiriendo a medida que crecemos, a medida que maduramos empezamos a crear nuestro Fulcrum, nuestras creencias, todo aquello en lo que creemos y que nos apoyará de alguna manera ante cualquier situación que requiera movimiento, cambio, inestabilidad, dificultad, enfermedad , toda situación que requiera moverse, tambalear, dudar, enfermar, siempre detrás de nosotros estará nuestro Fulcrum que nos hacen conectar con nosotros mismos, con quienes somos y con lo que hemos venido a hacer en este mundo. Y solo así creamos nuestro Fulcrum, nuestro Yo interior, conectamos con ese Yo que la Naturaleza nos ha dado y solo así podemos sentirnos en salud. Gracias a ese Yo, gracias a ese Fulcrum, podremos empezar a formar parte de un grupo, de una familia, de nuestra panda de amigos, de nuestra sociedad, de un equipo. Porque es gracias a ese Fulcrum que aprendemos a querernos a nosotros mismos, a ser nosotros mismos, y solo así podemos llegar a querer y ser queridos por los demás.
La osteopatía como medicina global, medicina que trata de entender al ser humano en conjunto trata de presentarse como un Fulcrum ante cualquier dificultad, síntoma o enfermedad. El osteópata es ese Fulcrum que ese cuerpo, esa persona necesita para empezar a moverse, para empezar a volver a funcionar como antes lo hacía, para poder recuperar la salud. El osteópata se convierte en un Fulcrum, en ese apoyo que necesita cualquier ser humano para poder empezar a sentir la vida en su interior, porque solo así podrá volver a estar en salud. Es entonces cuando la relación de terapeuta-paciente cambia por completo. A partir de ahora, el terapeuta se convierte en un apoyo , un Fulcrum para que el cuerpo de esa persona pueda recuperar la salud. Se coloca a su lado y no por delante ni por encima. No le dice al cuerpo lo que ha de tomar , ni a la mente lo que ha de hacer, sino que está a su lado, apoyándole para que toda la sabiduría del cuerpo, toda la intuición y conocimiento natural de nuestra mente y espíritu salgan, tal y como la Naturaleza se lo ha enseñado.
El osteópata busca liberar la Vida.
Solo así se puede vivir en salud. El osteópata ya no impone, ya no dicta lo que se ha de hacer, ya no manipula , estira un músculo , mueve una articulación quiera o no, da un paliza en ese músculo que tanto nos duele, masajea sin piedad, duela o no, … ya no le vale eso de que si no duele no cura, sino que ahora lo que le vale es la estimulación, la evocación, escuchar y sentir la vida que hay dentro de ese cuerpo. Ser un Fulcrum para que ese cuerpo pueda empezar a moverse, pueda empezar a sentir de nuevo todo el movimiento de la Vida que habita en su interior y que había perdido, y que pueda empezar a sentirse en salud. Es por ello que el osteópata acompaña al cuerpo en su curación, lo escucha, aprende a sentirlo, a observarlo, a pensar igual que él, le interesa conocerlo lo mejor posible para poder ser ese apoyo que necesita. Es como un buen amigo, como un buen mecánico que conoce a la perfección esa máquina que pretende reparar. Solo si la conoce, podrá hacer un buen uso de ella.
Will sabía todo esto, y en base a esto, bautizó a su clínica en California en la última etapa de su vida con este nombre, Fulcrum. Para él, el lugar donde la tienda del cerebelo se une con la hoz del cerebro en el cráneo, justo en el centro de nuestra nuca, era el Fulcrum más importante del cuerpo. Era un lugar sólido, firme, capaz de dar ese apoyo que cualquier parte de nuestro cuerpo necesita para empezar su movimiento hacia la Vida. Pero también, como todo Fulcrum, era un punto capaz de moverse al mismo tiempo que daba estabilidad y apoyo. Un Fulcrum es algo sólido, pero no tiene porque ser fijo, también está abierto al cambio y al movimiento que la vida le ofrece. Nuestro Fulcrum, de hecho, cambia a lo largo de nuestra vida, igual que cambian nuestros pensamientos y actitudes hacia ella.
Para mí hoy , con este nombre es un honor continuar su legado. Pero también es un honor, ser un Fulcro, para todo aquel que quiera descubrir y liberar en su interior , todo ese movimiento que la Vida esta dispuesta a ofrecerle.
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